El 4 de diciembre de 1995 se convirtió en una fecha memorable para los aficionados de Club Necaxa. En ese día, el equipo disputó la final de la Copa MX contra el Club América, su eterno rival, en un partido que prometía ser una batalla épica. La tensión en el Estadio Azteca era palpable, y el ambiente estaba cargado de emoción mientras los hinchas de ambos equipos llenaban las gradas con sus cánticos y colores.

Desde el primer silbido del árbitro, los jugadores de Necaxa mostraron una determinación inquebrantable. En esa época, el equipo contaba con figuras destacadas como el delantero Hugo Rodallega y el mediocampista Manuel Lapuente, quienes aportaron su talento y experiencia para llevar a Los Rayos hacia la gloria. Fue un partido muy disputado, donde ambos equipos tuvieron sus oportunidades, pero la defensa sólida de Necaxa, liderada por un joven y prometedor Ezequiel Lavezzi, fue clave para mantener el marcador en cero.

La primera mitad terminó sin goles, pero el segundo tiempo trajo consigo la emoción que todos esperaban. Con un gran pase de Lapuente, Rodallega logró desmarcarse y, con una precisión milimétrica, envió el balón al fondo de la red. El Estadio Azteca estalló en júbilo cuando los aficionados de Necaxa celebraron el primer gol del encuentro. Con ese tanto, Los Rayos no solo se colocaron al frente, sino que también elevaron la moral de su afición, que había viajado en gran número para apoyar a su equipo.

El Club América no se rindió y buscó el empate, pero la defensa de Necaxa se mantuvo firme. A medida que el tiempo avanzaba, la tensión aumentaba, y cada jugada era un testimonio del esfuerzo y la dedicación de los jugadores. En los últimos minutos del partido, Necaxa logró un segundo gol, sellando así su victoria y su nombre en la historia del fútbol mexicano. La celebración fue desbordante, y los aficionados no podían contener su alegría tras haber superado a su archirrival en una final tan importante.

Este triunfo en la Copa MX marcó un antes y un después para Club Necaxa. No solo representó un trofeo más en sus vitrinas, sino que también cimentó la identidad del club como uno de los equipos más importantes en la historia del fútbol mexicano. La victoria sobre el Club América no solo fue un triunfo deportivo, sino un momento de unión y orgullo para todos los seguidores de Los Rayos, que aún recuerdan con nostalgia aquella mágica noche en el Azteca.