En las últimas semanas, Necaxa ha experimentado un rendimiento fluctuante, evidenciado por la inconsistencia en sus resultados. La estrategia actual del equipo, basada en un sistema 4-3-3 con énfasis en la posesión del balón, ha mostrado signos de desgaste, particularmente en el mediocampo, donde la presión del rival ha complicado la distribución del balón.

Una de las áreas más críticas es la conexión entre la defensa y el ataque. Si bien la línea defensiva ha sido sólida, el mediocampo debe encontrar una mejor sincronización con los delanteros. Incluir a un mediocampista más creativo que pueda realizar pases filtrados y generar juego ofensivo podría ser clave. Un jugador como Ezequiel Almendra, si se ajusta a su rol, podría ser fundamental en esta transición.

Además, el extremo izquierdo ha carecido de profundidad. La ausencia de un extremo que pueda desbordar y crear oportunidades de gol ha limitado las opciones ofensivas de Necaxa. Potenciar a un joven como K. Armenta en esta zona podría ofrecer una solución, permitiendo que el equipo se vuelva más impredecible y dinámico en ataque.

En cuanto a la defensa, aunque L. Jiménez ha sido un bastión, la línea de cuatro necesita una mejor comunicación. Implementar una estrategia de presión alta en las fases defensivas podría ayudar a recuperar el balón más rápidamente y evitar que los rivales se asienten en el mediocampo. Esto se puede lograr mediante un ajuste táctico que involucre a los extremos asistiendo en la presión alta, permitiendo que el equipo mantenga la intensidad sin comprometer la solidez defensiva.

Finalmente, una rotación más estratégica de jugadores podría ayudar a mantener la energía del equipo. Con un calendario apretado, es crucial que los jugadores clave tengan tiempo de recuperación, lo que también permitirá que los talentos emergentes tengan la oportunidad de brillar. En resumen, Necaxa tiene el potencial de ser un competidor formidable en la liga, pero son necesarios algunos ajustes tácticos y en la alineación para lograrlo.